Mi historia con el bruxismo

Me llamo Manuel y durante mucho tiempo no supe qué me pasaba. No sé si te habrá pasado alguna vez esto, pero espero que os sirva de ejemplo. Os cuento, lo mío no era un dolor claro ni una señal clara de que me duele aquí. Simplemente me sentía mal. Me levantaba cansado, con la cabeza pesada y la mandíbula dura. Pensaba que era estrés, trabajo, la edad o simplemente una mala racha por problemas familiares que estaba pasando. Nunca imaginé que todo tenía una causa concreta.

Cada mañana era parecida a la anterior y eso ya os digo que es un rollo. Abría los ojos con la sensación de no haber descansado. Me dolía mucho el cuello, los hombros y, sobre todo, la boca, y esto era algo que no entendía. A veces tenía la impresión de haber pasado la noche masticando piedras. ¿Has tenido alguna vez esta sensación?

Me miraba al espejo y no veía nada raro. Mis dientes estaban ahí, mi cara era la de siempre. Así que seguía adelante, aunque la verdad es que cada día me costaba más.

Con el paso de los meses, los dolores aumentaron. Empecé a tener dolor de cabeza casi a diario. No era un dolor fuerte, pero sí constante. Me acompañaba al trabajo, a casa y hasta los fines de semana. Tomaba analgésicos y seguía con mi vida, pensando que ya se pasaría.

También noté que estaba más irritable. Cualquier cosa me molestaba y me lo decía la gente que lo padecía a mi alrededor. Dormía mal y eso afectaba a mi humor. Mi familia me decía que estaba más serio, más callado. Yo no sabía qué responder. En el fondo, sentía que algo no iba bien, pero no sabía qué.

Un chasquido fuerte

Una noche me desperté con un chasquido fuerte en la mandíbula. Fue raro y algo doloroso. Al día siguiente me costaba abrir bien la boca. Ahí empecé a preocuparme de verdad. Busqué información, hablé con amigos y escuché muchas teorías. Estrés, ansiedad, malas posturas, nervios. Todo sonaba posible, pero nada me daba una respuesta clara.

Un amigo me preguntó si apretaba los dientes por la noche. Yo no lo sabía. Nunca me había fijado en eso. Me dijo que él tenía bruxismo (una palabra que yo nunca había escuchado) y que sus síntomas eran muy parecidos a los míos. Esa palabra me sonó lejana, casi desconocida, pero despertó mi curiosidad.

Decidí pedir cita en la Clínica Dental Cubero. No sabía muy bien qué esperar, pero sentí que necesitaba una opinión profesional. Desde el primer momento me sentí tranquilo. Me escucharon con atención y me hicieron muchas preguntas sencillas. No me sentí juzgado ni apurado.

Tras una revisión completa, llegó la respuesta. Tenía bruxismo. Apretaba y rechinaba los dientes mientras dormía, sin darme cuenta. Eso explicaba todo: el dolor, el cansancio, la tensión en la mandíbula y los dolores de cabeza. Por primera vez en mucho tiempo, todo encajaba.

Sentí alivio. No porque tuviera bruxismo, sino porque por fin sabía qué me pasaba. Ponerle nombre al problema fue un gran paso. Me explicaron con palabras claras qué era, por qué ocurría y cómo podía tratarse. Nada complicado, nada alarmante.

Empezamos el tratamiento y me hicieron una férula de descarga a medida. Me explicaron cómo usarla y resolvieron todas mis dudas. La primera noche fue extraña, pero no incómoda. A los pocos días empecé a notar cambios.

Me despertaba con menos dolor. Mi mandíbula estaba más relajada y los dolores de cabeza fueron desapareciendo poco a poco. Dormía mejor y me sentía con más energía durante el día. Volvía a ser yo.

Con el tiempo, mi humor también mejoró y para bien de todos. Estaba más tranquilo, más presente. Mi familia lo notó enseguida. Yo mismo me sorprendía al ver cómo algo que parecía pequeño había afectado tanto a mi vida.

Hoy miro atrás y me doy cuenta de lo importante que fue escuchar a mi cuerpo y pedir ayuda. Durante mucho tiempo normalicé el malestar, pensando que era parte de la vida. No lo era.

La Clínica Dental Cubero no solo me ayudó con un problema dental. Me ayudó a recuperar mi bienestar. Gracias a ellos entendí que cuidar la salud bucal es mucho más que tener una sonrisa bonita.

Ahora sé que el bruxismo existe, que es más común de lo que parece y que tiene solución. Si alguien se siente como yo me sentía antes, le diría que no espere. Que pregunte, que se informe y que busque ayuda.

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