Da igual si eres un crío de 5 años o un adulto de 57, a TODOS nos encantan los dulces, el coca cola, un Buen chorizo picante o un buen mejicano para cenar un sábado. Pero que nos guste no quiere decir que comerlos a menudo sea sano, así que quizás lo que deberíamos preguntarnos es justamente si deberíamos comer esas cosas… o si dejar de comerlas.
Sé que suena drástico, ¿pero no es más drástico que con 8 años, como le pasó hace años a mi sobrino Hugo, acabe dos días ingresado porque, como comía TODOS los días una bolsa de chucherías, le dio una subida de azúcar muy peligrosa? ¿O que, como mi madre, con 60 años ya no tengas ni un solo diente y tengas que pedirle al dentista una prótesis, con lo joven que es?
Esas cosas pasan, y pasan por no cuidar los dientes con la higiene ni con lo que comemos. Por eso, vamos a intentar darle respuesta a esta pregunta.
El peligro del azúcar y de la comida basura en los dientes, sobre todo con poca higiene dental
Los dentistas especializados de Clínica Blanc nos hacen hincapié en que el azúcar es lo peor para los dientes, y está en TODAS partes: en los refrescos, en las chucherías, en los dulces, y hasta en algunas salsas que usas todos los días, como el ketchup. Si se queda pegado en los dientes, las bacterias de la boca lo usan para hacer ácido, y ese ácido empieza a atacar el esmalte. Justo ahí es donde nacen las caries, y una vez que aparecen, cuesta mucho quitarlas. Y duelen, duelen mucho, si alcanza al nervio.
Mi sobrino Hugo lo sufrió de lleno. Cada tarde comía una bolsa de chucherías con refresco y apenas se cepillaba los dientes, porque mi padre cada vez que se lo traía mi hermana le compraba lo que él quería. Claro, si no se lavaba encima los dientes, el azúcar se quedaba en su boca y las bacterias le hacían daño. Sus dientes todavía estaban creciendo, así que el daño era más fuerte. Acabó ingresado por una fuerte subida de azúcar, y cuando le dije al médico que se comía todos los días lo que se comía… la bronca que se llevó mi padre fue de campeonato, solo os digo eso.
La comida basura hace lo mismo. Por ejemplo, eso que nos gusta tanto, como las patatas fritas, los dulces o los snacks se rompen en trozos muy pequeñitos que se quedan entre nuestros dientes. Volvemos a lo mismo: si no nos los cepillamos bien (y con unas pautas claras de higiene), las bacterias se comen esos restos que se quedan ahí y el esmalte se debilita. Por eso siempre lo mejor es cepillarse después de comer y no pasarse con los dulces.
Si, como Hugo, te comes todos los días un montón de golosinas todos y no te limpias los dientes, provocas caries, se te inflaman las encías, y tus dientes se vuelven muy sensibles, así que olvídate de los refrescos, y de la cervecita fría.
Muchas veces no se nota hasta que el daño ya es serio. Por eso, aunque los dulces sean deliciosos, hay que controlarlos y cuidar muy bien los dientes.
Comer dulces todos los días cambia la boca más de lo que imaginaba
No hace falta comerse un saco de dulces para que los dientes se fastidien. ¿Qué pasa? Que el hecho de que comas esas cosas todos los días impacta más que cuántas comas. Si estás picando un dulce cada pocas horas, tu boca se llena de azúcar, y las bacterias, que producen mucho ácido, van desgastando el esmalte sin que te des cuenta.
Ah, y bueno… me encontré en la universidad, cuando estudiaba Filología Hispánica, con el caso de un chico que estudiaba mientras se iba bebiendo traguitos de red bull durante horas. Antes, en la época de los exámenes, venían personas con cajas y cajas de red bull y le regalaban dos o tres a cada estudiante. Eran cosas MUY malas… pero, con la tensión que teníamos, también entiendo que los estudiantes lo consumieran todos los días. Eran latas pequeñas, pero los dientes se bañaban en azúcar y el esmalte recibía ataques a diario.
Lo que más me flipa es que el problema viene de la repetición, ¡no de la cantidad! Y yo siempre pensé que era así, pero al parecer un dulce de vez en cuando no hace tanto daño como si repites varias veces al día, y encima no te cepillas después…
La experiencia de mi padre me enseña lo que pasa con los años
Mi padre tiene una historia que da mucho que pensar. Durante años curraba turnos larguísimos, primero en construcción y después de manitas en un edificio, y siempre llevaba en la mochila refrescos, cerveza y bollos para picar. ¿Qué pasa? Que eran rápidos, baratos y quitaban el hambre en un momento, así que le parecía perfecto.
El problema apareció décadas después, cuando sus dientes empezaron a fallarle uno tras otro. Cada vez que iba al dentista la cosa se complicaba más. Los arreglos duraban un rato, pero el daño ya estaba acumulado y los dientes sufrían de verdad. De joven le parecía una tontería, pero al final se convirtió en un historial dental larguísimo y doloroso. Y… caro. En su época casi nadie se cepillaba bien, y los refrescos se veían normales, como algo que hacía todo el mundo. ¿Qué pasa? Que nadie pensaba que esos hábitos podían traer problemas tan gordos años después.
Por si no lo sabes, lo que haces hoy se refleja en tu boca dentro de unos años, así que cada dulce que dejas en los dientes, cada cepillado que te saltas… se acumula. Cuando te das cuenta, ya es un lío arreglarlo y los dientes sufren más de la cuenta. Por eso vale la pena fijarse ahora en cómo comes y en cómo limpias tu boca, aunque te parezca una tontería, porque esos hábitos realmente te quitan un montón de quebraderos de cabeza.
Dejar de comer azúcar para siempre suena extremo
He visto que hay gente que decide cortar el azúcar por completo: nada de chucherías, refrescos ni postres… El problema es que el azúcar SÍ es necesaria, porque en pequeñas cantidades nos da energía y alimenta a nuestro cerebro, y por eso necesitamos un poco cada día. La cosa es cuando te pasas y además no te cuidas los dientes, ahí sí que te puedes hacer daño a la larga.
Además, ten en cuenta que mantener una restricción durante años tampoco es fácil: cumpleaños, fiestas, viajes y reuniones… todas esas celebraciones siempre traen dulces, y vivir esquivando todo eso se vuelve pesado, y al final mucha gente acaba cayendo y vuelve a comer como antes. No hay fuerza de voluntad que aguante siempre si todo a tu alrededor tiene azúcar.
Por eso lo mejor es tener un equilibrio basado en la reducción del azúcar. Si te pones un mínimo de azúcar y luego te lavas bien los dientes, no pasa nada.
Comer dulces con cabeza cambia mucho la historia
Una manera que funciona muy bien es comer dulces con cabeza. O sea, nada de estar picando caramelos todo el día, lo ideal es después de la comida principal, no entre horas. ¿Sabes por qué? Porque el azúcar se queda menos tiempo en la boca y la saliva ayuda a limpiar los dientes más rápido, así que el daño es menor.
Ah, y lo del cepillado es súper importante. Si tomas algo dulce y luego te cepillas bien, la mayoría del problema desaparece. No se elimina entero, claro, pero, comparado con dejar los dulces ahí toda la noche, la diferencia es enorme. Y lo mejor de todo es que no hace falta renunciar a los dulces, porque cambiar cuándo y cómo los comes ya reduce mucho el daño.
No se trata de prohibirse los antojos, sino de organizarse un poco. Comerlos en el momento correcto, cepillarse bien y controlar la frecuencia hace que el placer siga ahí, pero tus dientes no lo paguen tan caro. Piensa que este equilibrio es mucho más fácil de mantener y menos frustrante que decir “nunca más voy a comer dulces”.
La higiene dental vale tanto como la comida
Me he dado cuenta de algo curioso: hay gente que come súper mal y sin embargo tiene los dientes súper distintos y bien cuidados, y la diferencia casi siempre está en la higiene, porque se cepillan dos o tres veces al día de forma correcta y sus dientes están sanos. El cepillo les quita los restos de comida, reduce las bacterias y evita que el ácido ataque sus dientes.
No hay que olvidarse tampoco del hilo dental. Entre los dientes se quedan migas que el cepillo no alcanza y que las bacterias se comen durante días. Incluso si comes poco azúcar, los dientes pueden sufrir si no los limpias bien.
Pensando en Hugo se entiende todo rápido: mucho dulce, casi nada de limpieza y dientes jóvenes que aún estaban creciendo. Lo primero que le dijeron cuando le dieron el alta es que tenía que cambiar la forma de actuar: nada de comer tantísima cantidad de azúcar… y, por supuesto, hacerse responsable a la hora de lavarse los dientes. Hoy, sus dientes están mucho más limpios porque ha seguido los consejos que le dieron, gracias a Dios.
Trucos fáciles para cuidar los dientes sin renunciar a nada
Hay varias cosas sencillas que ayudan un montón a que los dientes sufran menos, sin tener que dejar de comer lo que te gusta.
-Por ejemplo, cepillarte después de comer dulce o al menos en cuanto puedas, es básico.
-También usar hilo dental cada día ayuda un montón, porque entre los dientes se quedan restos que el cepillo no alcanza.
-Otra idea que funciona muy bien es organizar los dulces. En vez de picar durante horas, comerlos solo después de la comida principal. Así el azúcar no se queda todo el día atacando los dientes.
-Y si no hay cepillo cerca, masticar chicle sin azúcar ayuda a que la saliva haga su trabajo y limpie un poco la boca.
-Además, beber agua siempre que puedas es importantísimo, porque no solo te hidrata, también elimina el azúcar y los ácidos de las bebidas.
-Y reservar los refrescos o zumos solo para momentos puntuales reduce mucho el daño, sin tener que dejar de disfrutarlos.
Son trucos fáciles de seguir, sin sentir que te estás castigando. Se trata de ponerle cabeza, no de prohibirse todo.
Busca el azúcar y no dejes que te engañe
El azúcar se esconde en sitios que ni imaginas.
-Por ejemplo, en salsas, yogures, cereales o incluso panes industriales. Si lees las etiquetas de lo que compras, puedes elegir mejor y no darles a los dientes más azúcar de la que necesitan.
–No hace falta obsesionarse ni contar gramos, solo fijarse en los productos más comunes que consumes cada día. Algunos yogures o zumos que parecen sanos tienen más azúcar que una bolsa de caramelos.
-También sirve para comparar opciones. Por ejemplo, un cereal puede tener azúcar añadido, mientras que otro similar no. Si escoges el que tiene menos, no eliminas los dulces, pero consumes menos cantidad de azúcar, que es lo más importante.
Las cosas malas se esconden día a día en todo lo que comes, pero puedes consumir menos azúcar sin frustrarte ni eliminar lo que te gusta, si lo cambias por LO MISMO con menos azúcar. Al final, son estas decisiones las que cuidan más nuestros dientes que cualquier otra cosa.
Encontrar equilibrio entre disfrutar la comida y cuidar los dientes
No hace falta privarse de lo que te gusta, los dulces, snacks o refrescos pueden seguir formando parte de tu vida, solo hay que moderar un poco. Por ejemplo, si reservas los dulces para después de comer, en lugar de picarlos todo el día, el azúcar no está pegado horas y horas a los dientes.
No es cuestión de sacrificio, sino de coherencia, y con unos hábitos simples, los dientes se mantienen más fuertes y los problemas se retrasan muchísimo.
Lo más importante es cuidar lo que comes y en hacerlo con moderación, no en la prohibición de comer lo que te gusta, porque al final es incluso peor. Pienso que puedes seguir disfrutando de tus cosas favoritas y al mismo tiempo cuidarte los dientes.
Así, puedes comer de todo y no privarte de nada, pero cuidando tus dientes.